DE AQUÍ PA´ ALLÁ
Este proyecto se sitúa en un cruce entre la industria musical y las herramientas de exploración del arte contemporáneo, proponiendo una experiencia que desborda el formato tradicional del concierto para convertirse en un dispositivo narrativo. De aquí para allá no solo presenta música en vivo, sino que articula un campo de investigación sensible donde el sonido se vuelve archivo, territorio y gesto político.
El proceso curatorial partió de un mapeo del imaginario del artista, una lectura profunda de su trayectoria y un análisis de las constantes que atraviesan su práctica. A partir de este ejercicio emergen líneas de investigación que estructuran su trabajo: la música tradicional boliviana como raíz viva, la exploración de la identidad desde una perspectiva contemporánea, las memorias latinoamericanas como territorio compartido y el arte como una herramienta política de enunciación y resistencia.
En este sentido, la práctica de Dani Deglein no se limita a la reinterpretación de lo ancestral, sino que activa un diálogo entre temporalidades. Lo heredado y lo presente, lo ritual y lo escénico, lo íntimo y lo colectivo conviven en una misma experiencia. Su trabajo propone una relectura de las tradiciones, no como elementos estáticos, sino como lenguajes en constante transformación.
El concierto se concibe entonces como una experiencia ancestral mediante la música, un espacio de encuentro que convoca a la comunidad desde la emoción compartida. Más que un espectáculo, se trata de un viaje hacia la memoria de las montañas, hacia las resonancias profundas del territorio andino, donde el sonido actúa como vehículo de conexión. Aquí, la música no solo se escucha, se habita.
A su vez, el proyecto incorpora un enfoque social claro. La obra de Deglein entrelaza lo celebratorio con lo político, generando un espacio donde los contrastes de la vida, la fiesta y la tensión, la memoria y el presente, lo individual y lo colectivo, coexisten de manera orgánica. Lejos de plantear una postura divisiva, su trabajo abre un campo de reflexión accesible donde la emoción funciona como puente para el entendimiento. En este gesto, la música se convierte en una herramienta para reconocernos como iguales, para generar conversación y para sostener la complejidad sin fragmentarla.
Curador: Gustavo García Murrieta


